miércoles, 13 de abril de 2011

Hasta la próxima vez...

Veo una chica muy guapa que se acerca hacía mí, entonces la miro, sonrío, y me fijo en ella detenidamente, entonces me doy cuenta de que tiene unos andares muy bonitos, femeninos, se podría decir que casi perfectos, unos andares en los que nunca me había fijado y es ahora, cuando ya  no la tengo, cuando me doy cuenta de cada uno de los detalles que le hacen ser esa chica tan atractiva , la cuál me robó el corazón en un momento y me hizo sentir el chico más especial.
Vuelvo a contemplar su bonita figura, su cara, ésa a la que tantas veces he mirado mientras que ella no se daba cuenta, la que he admirado una y otra vez, la que sin saber cómo, se metió tan dentro de mi cabeza que hasta me costó olvidarla; y apesar de todo sigo sonriendo cada vez que la veo, porque mi sonrisa, es en realidad su sonrisa, la razón del por qué río al verla...
Cada vez está más cerca, miro sus ojos y éstos me apartan la mirada, y es entonces cuando pienso que siempre lo hace cada vez que está ante una situación incómoda, pero no me importa, porque soy yo el que salgo a su alcance, el que uno mi cuerpo con el suyo para formar así uno solo, el cuál se sumerge en un largo e intenso abrazo.
Beso su cara una y otra vez, y estoy feliz, me gusta sentirla entre mis brazos, tocar su rostro, sus manos y decirle una y otra vez que nuestra amistad no se acabará nunca, que hicimos una promesa, y que las promesas han de cumplirse.
Y ella me habla, me dice que tengo un don, que soy especial y que siempre me recordará por ello, que no desperdicie todo aquello que me hace ser diferente, que lo conserve y que le demuestre que no he cambiado la próxima vez que nos veamos. Y sé que no tiene razón, que miente, porque la única persona que hay especial en ese lugar es ella.
Agarra con fuerza mi mano, y sé que es la hora de despedirse, de olvidar todos nuestros recuerdos y seguir adelante e intentar no mirar hacia el pasado, dejarlo todo en una simple despedida; seguir cada uno nuestro camino. Siento que mis ojos se vuelven acuosos, que las lágrimas se apoderan de mi ser y que recorren mis mejillas como el agua por un río, que no tengo ganas de que se vaya, que no quiero sufrir, que no quiero perderla una vez más.
Nuestros dedos se entrelazan y un fugaz beso invade la comisura de mis labios, y me deja un sabor dulce, triste, amargo... Solo por el hecho de haber perdido a una gran amiga...
Entonces, se aleja con sus andares casi perfectos, y vuelvo a mirarla, y pienso que algún día volveremos a vernos. Bueno viaje.

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